El fenómeno kárstico o las
morfologías kársticas son fundamentalmente el resultado
de un proceso de disolución en rocas solubles. Esta importante
acción de disolución da lugar a una morfología
muy típica (en superficie y en profundidad) a la que haremos
referencia a continuación. El mayor desarrollo del karst
se produce en las rocas carbonatadas y dentro de estas son las
calizas las que mejor se prestan a estos procesos de disolución,
estas rocas presentan una baja solubilidad relativa por lo que
el proceso de karstificación es lento, pero tienen una
gran resistencia y por ello las simas y cuevas pueden alcanzar
grandes dimensiones, tanto en extensión como en profundidad.
La intensidad de esta disolución depende de muchos factores
entre ellas la climatología y la hidrología, así
como de la sedimentología (planos de estratificación,
discordancias, contactos...) y la tectónica (diaclasas,
fallas). Todas estas facetas son las que estudia tanto la A.E.R
como otros muchos grupos en sus zonas de trabajo. Como ya hemos
indicado, el rasgo morfológico más característico
y destacado de un paisaje kárstico son precisamente las
manifestaciones exokársticas (las manifestaciones endokársticas,
es decir, subterráneas; cavidades, cavernas, simas....
serán objeto de otro artículo).
Manifestaciones exokársticas:
Podemos diferenciar las distintas morfologías
exokársticas más importantes caracterizándolas
como siguen:
Formas de absorción:
Se hallan en la superficie del Karst y por
ellas se produce la infiltración del agua. Las principales
formas, de menor a mayor tamaño, son las siguientes:
Formas cerradas
Lapiaz
El "lapiaz"
o "lenar", es posiblemente la forma inicial mas sencilla
de "karst embrionario" que puede degenerar, posteriormente
en dolinas. Se presentan, generalmente, como un conjunto de pequeñas
acanaladuras o surcos estrechos (desde centímetros -"microlapiaz"-
hasta 1 metro -"megalapiaz"-) separadas par crestas,
a menudo agudas; o bien por orificios tubulares, "nidos de
abejas" etc. Aparecen normalmente en superficies más
o menos inclinadas y ausentes de vegetación.
Dolina
Son depresiones
circulares o elípticas que se forman por disolución
(y consiguiente pérdida de volumen)en su fase inicial,
a partir de la intersección de diaclasas, generalmente
a favor de las planos de estratificación, produciéndose
un proceso en cadena de infiltración- disolución.
En cualquier caso no se disponen caprichosamente, sino que generalmente
están alineadas según fracturas o direcciones de
estratificación determinadas. En sección tienen
forma de cubeta o embudo. Sus dimensiones varían desde
unos pocos metros de diámetro hasta incluso 500 m. (Hoyo
Masallo), siendo las más frecuentes de 20 a 25 m y normalmente
están rellenas en su centro por "terra rossa"
o arcillas de descalcificación.
Uvala
Como consecuencia
de la evolución de la dolina, mas rápida en superficie
que en profundidad- se originan, par coalescencia, las uvalas.
Sus dimensiones pueden alcanzar incluso 1 Km., de diámetro.
Las uvalas aumentan considerablemente la capacidad de absorción
actuando como verdaderas zonas colectoras de agua en mayor escala
que las dolinas.
Poljes
Son las formas
superficiales más evolucionadas y de mayor tamaño
así como de absorción kárstica. Son unas
depresiones endorréicas de fondo plano. Normalmente presentan
una disposición alargada (largo más del doble que
la anchura) y vienen condicionadas por fracturas importantes.
Se considera una longitud de 2 km., el límite a partir
del cual es un "polje" y no una '"uvala"'.
Frecuentemente, de las superficies de las "poljes" se
erigen pequeñas colinas calizas, à modo de islas,
que se denominan "hum" (monte Cucurío). Estas
áreas endorreicas pueden estar secas o inundadas estacionalmente
(en nuestro caso casi siempre secas) y por ellas pueden discurrir
algunos arroyos o incluso ríos que normalmente se pierden
en sumideros o "ponors" (Polje de Matienzo)
Valles ciegos
Son valles cuyo
curso de agua superficial desaparece en un sumidero kárstico,
presentando fisonomía en "fondo de saco". Normalmente
se adaptan a fracturas determinadas. Cuando llevan mucho tiempo
funcionado se asemejan a uvalas. Los valles ciegos que se presentan
en nuestra zona desarrollan su circulación sobre margas
finalizando en sumideros.
Formas abiertas
Simas
Son las cavidades
verticales, condicionadas bien por fracturas de este tipo, en
las que la disolución y erosión ha alcanzado profundidades
importantes de hasta 1000 m, o bien por el hundimiento de una
dolina, de ahí que normalmente se hable de simas tectónicas
y simas de hundimiento. Según su forma se habla de simas
lenticulares, cilíndricas, elípticas, etc.
Ponors
Son los puntos
de absorción en una dolina, uvala o polje y a veces se
trata de ponor-sima
Cuevas, grutas o cavernas
Constituyen los
conductos de circulación subterránea, actual o pasada,
libre o forzada. Pueden alcanzar hasta decenas de kilómetros
y es frecuente en ellas los conductos secundarios ramificados
a modo de laberinto. En ellas aparecen con frecuencia sifones,
lagos ("gours") etc.
Surgencias
Son los manantiales
de pequeño caudal, de alimentación alóctona
y de tipo intermitente. Son producto de una diaclasa que actúa
como colector del agua que discurre par la superficie y es interceptada
par la diaclasa. Cada manantial de este tipo tiene una cota de
salida diferente e independiente de la de los demás pertenecientes
a este grupo.
Exurgencias
Son de mayores
caudales, proceden de aguas colectoras del aparato kárstico
y son de tipo permanente, aunque con fuertes fluctuaciones estacionales
en el caudal. En nuestro caso destaca principalmente la exurgencia
de Fuente Iseña.